No era mi idea esperar que una tragedia ocurriera para hablar de los costos humanos del fast fashion. Tenía este post escrito mentalmente hace bastante tiempo pero con el desplome del edificio en Bangladesh, en el cuál ha muerto hasta ahora 300 trabajadores (incluyendo niños y niñas) de la industria textil, he tenido una reacción bastante visceral al perverso sistema del fast fashion y sentí una necesidad de escribir acerca de esto.
He leído muchos comentarios dirigidos al gobierno de Bangladesh, el ‘gran’ culpable que esta desgracia haya ocurrido pues casi no hay regulaciones laborales y los inspectores encargados de supervisar un trato humano a los trabajadores además de buena condiciones laborales (incluyendo un edificio con salidas de emergencias y que, claro, no se vaya a derrumbar) son insuficiente, y si le agregamos que muchas veces éstos inspectores reciben coimas para callar los abusos, definitivamente el gobierno tiene mucha responsabilidad en esta tragedia. Otros responsables son las mismas empresas de ropa que subcontratan estas fábricas sabiendo de las nulas garantías que tienen sus trabajadores y de las condiciones infrahumanas en las que trabajan. Por un lado concuerdo plenamente con culparlos, este es un tema es transversal que ni el gobierno de Bangladesh ni las grandes marcas internacionales que contratan los servicios deben evadir, por otro lado, creo que hace falta discutir el rol de los consumidores en esta cadena de abusos.
¿Podemos nosotros, como consumidores, hacer algo para mejorar las condiciones de los trabajadores? ¿Realmente ayuda en algo boicotear a las compañías que incurren en estas prácticas? ¿Somos los consumidores responsables en alguna forma de estos hechos? Claramente nosotros no podemos cambiar las leyes de un país ajeno pero sí votamos de una u otra manera con nuestro dinero, uno decide a qué empresa darle su dinero y si realmente nos indignan estas muertes totalmente evitables el sentido común me dice que no debería comprar en las marcas implicadas (hasta ahora se habla de Benetton, Primark, Mango y C&A entre otras). A todo esto, las empresas y gobiernos tienden a dar como argumento el hecho que si suben los sueldos muchos quedarían sin trabajo (¿les suena conocido?), pero cualquiera que tenga una idea general de las groseras ganancias que tienen estas empresas se dará cuenta que es un tema de avaricia más que de preocupación real por dejar gente desempleada. Un yate y un jet menos para los accionistas, qué ah-troz galla.
Volviendo al tema de los consumidores, no creo que seamos responsable de esa tragedia pero si creo que es imperativo estar informado a la hora de comprar ropa. Así como nos informamos sobre la procedencia de los productos que comemos y los cosméticos ¿por qué con la ropa no se hace lo mismo? Saber qué marcas y multinacionales están realmente comprometidas con la calidad de vida y la seguridad de sus trabajadores y cuáles no, para así evitar de ser parte de esta cadena de abusos. Boicotear a esas multinacionales es la única forma que se me ocurre de exigirles que se hagan cargo de velar por sus trabajadores.
Los trabajadores fallecidos del edificio que colapsó en Bangladesh eran humanos esclavizados por 18 mil pesos al mes, trabajando 16 horas diarias, 7 días a la semana haciendo ropa desechable para marcas que se comercializan en nuestros malls y que compramos sin pensar en la persona que cosió la prenda. Ellos - y los millones que siguen cosiendo ropa bajo condiciones infrahumanas - son el costo humano del fast fashion, un costo que no se menciona en el glamuroso mundo de la moda, no aparece en Vogue ni en los blogs de moda, pero que lamentablemente es parte del sistema actual de consumo y como consumidores opino que no nos podemos seguir haciéndonos los lesos con esto.








